[Quique González - De haberlo sabido]
Tomaba un escocés con hielo, lo sorbía y esperaba el sabor de la madera, ella lo esperaba siempre y retenía su destello entre la lengua y la garganta. Pensé en su dolor y en su pelo. Sorbí el whisky, miré alrededor, la mesa dónde solía comer, el cuadro con fallos de perspectiva, la foto de los milicianos tristes, una de sus frases preferidas "ella es dueña de su estómago y de su vagina" inscrita en un libro de Onetti, las latitudes de su cuerpo, sus vestidos ácidos, su dolor, el estruendo de su llegada silenciosa.
El silencio.
Entonces supe que estaba muerta.