[Cool Piano Jazz - Oscar Peterson]
No sabía como me encontraba en ese hospital. Des de que me había casado con Mary, justo hacía dos años, había pasado aquellos setecientos treinta días y unas cuantas noches más discutiendo sin parar. A pesar de esto, pensaba que me encantaba haber copulado un número irracional de veces con ella. Habíamos compartido la cama, el sofá, el champú y el zumo de tomate que tanto me gustaba. El tabaco, el Jim Beam y unos antiguos vinilos de Peterson. Había escrito algunos poemas en los que aparecía ella, y la protagonista de mi última película estaba inspirada de una forma u otra en la suntuosidad de sus curvas moviéndose por nuestra casa, cosa que también habíamos compartido hasta entonces.
Habían pasado nueve meses des de que Mary me comunicó mi nueva condición de esclavo de por vida. El embarazo fue bien, yo disfruté bastante porque esa protuberancia me permitía practicar con más originalidad mi postura preferida para la cópula. Ahora, en el hospital, pero, sentía aproximarse a la velocidad de la luz mi mala suerte.
Teníamos, pues, ahora, una especie de tubo de carne que lloraba y defecaba sin tregua; cosa por la cual me sentia notablemente deprimido.
- Felicidades, Charles, tres quilos con tres-cientos gramos.
Tresmiltrescientos gramos de carne que dependían en gran parte de mi y de mi buena voluntad, cosa que todos siempre pusieron en duda.
Para contrarrestar mi desdicha, ayer mandé un telegrama a Susan, una antigua alumna de mis clases de guión en la Facultad de cine. Vivimos en un hotel durante los fines de semana en que Mary estaba de viaje. La amo. O creo que amo su coño apretado y pequeño como el de pocas. Pienso en escaparme mañana, definitivamente, lejos de la ciudad, antes de las siete de esta misma tarde.
[Imitando a Woody - pruebas de guión para un corto frustrado]