- Es el libro que más he regalado, le dije. Y él me miró cómplice con la frente aún culpable del sudor del espectáculo. Había recitado tres de sus poemas, uno inédito y estremecedor que hablaba de la madre y de un prometido (pero no tanto) viaje a París. Él ya tenía mis Habitaciones Separadas en las manos, y apenas sin articular palabra, dejó ir su pluma por la primera página: Y escribió mi nombre. Me dió las gracias, por haber regalado su libro, me besó en las mejillas: olía a palabras empañadas en cristal. Abrí, por mi página preferida: Life Vest Under Your Seat; le dije que era el poema que más veces había leído en mi vida, sonrió y me habló largo y tendido sobre él: luego hizo eso que hacen los poetas de querer aparentar la minuciosa construcción de su lírica. Lo digo, porque me comentó que había publicado un libro dónde contaba como había escrito ese poema. Hablamos un rato más; experimenté esa ya lejana emoción de estar cerca de alguien que había hecho un mito y me la guardé, hasta llegar a casa y rato después, para seguir creyendo en las grandes personas, y en los grandes momentos y en las poesías que alimentan mi sueño.
Marinero — 04-11-2005 09:57:57
cecília — 04-11-2005 12:06:05
Krla — 07-11-2005 23:16:56