Des de dieciocho metros cuadrados todo se ve un poco más gris, y amarillo y sudoroso. Yo lo sé, porque me ha tocado. Y ya no son los treinta metros que comentaba una ministra: No, señor no! Dieciocho con lavabo-ducha-cocina-nevera-lavadora-cama. Todo junto, bien apretado y muy moderno, práctico-funcional. A la última vamos.
He escondido el termómetro, porque me da pánico saber a qué temperatura vivo. Y así vamos dando patadas al ventilador. Cuando no tengo nada que hacer, me distraigo colocando estratégicamente un cable improvisado que funciona como antena de tv. ¿Qué te parece? Ni sudokus ni ná.
También tengo fabulosos despertares con gritos de vecinos y golpes en la pared. Porque la pared es muy práctica oye, con unos centímetros nos bastamos. ¿Para qué voy a pedir más? Igual que el techo: un cartón húmedo (como lo oyes, ni en Ikea se pasan tanto de modernos).
Ah! También vivo en pareja, así que dividimos dieciocho entre dos y salen a nueve metros cuadrados por individuo corriente, trabajador e inframileurista. ¡Así da gusto!