Empezó a llover con una prisa casi indecente. Un rayo atormentó la noche y el agua cubrió las huellas de su muerte. Ayer a las 12, J y yo encendimos un cigarrillo para curarnos del susto que había disipado el sueño tras un largo día, muertos de frío en el balcón.
Solo vi nubes negras y un charco de sangre. Un cadáver aún agonizante, los gritos más desesperados del mundo, el parpadeo azul y naranja de los coches surcando las ventanas. La oscuridad, los curiosos, los pijamas, la muerte, las madres, los ojos horrorizados, el temblor de las piernas, la tristeza, el puñal de la noche. Un cadáver.
Un cadáver que era una nube negra encharcada en sangre.
Jose Antonio — 21-12-2007 15:31:48